María asunta al cielo: 75 años del dogma.
En este mes de noviembre se cumplen 75 años de la programación del dogma de la Asunción de María a los cielos por parte del Papa Pío XII.
Este dogma de fe, es el último proclamado en torno a la figura de la Madre de Jesús, y probablemente el último después de que se hiciera público el documento del Dicasterio para la doctrina de la Fe, aclarando que la cooperación de María en la labor servifica de Cristo no puede ser conceptualizada como Corredención.
En este contexto, la Hermandad de Mediadora celebra cultos en honor a esta efeméride, aunque la cofradía que celebra la festividad de su titular mariana el día de la Asunción, quince de agosto es la de Paloma.
Antes, de entrar a analizar más a fondo el contenido del dogma asuncionista, es conveniente recordar someramente los tres dogmas anteriores que le preceden, así los dogmas marianos proclamados por la tradición de la Iglesia, son cuatro:
- María, madre de Dios. El primer dogma de fe en torno a María, fue el debate sobre su consideración sobre si era Madre sólo de Jesús hombre o de Dios. El Concilio de Éfeso de 431 concluyó que era Madre de Dios por el siguiente motivo: Jesús, era totalmente humano pero a su vez totalmente divino, como se proclamó en el Concilio de Nicea de 325, esas dos naturalezas eran indisolubles en la persona de Cristo, por lo que María, al dar a luz, dio a la luz a Jesús Dios y Hombre. María, pues, es madre de la Segunda persona de la Trinidad: Dios Hijo, por tanto es Madre de Dios.
- María, Virgen. La virginidad de Maríá, no sólo en la concepción de Jesús, sino durante y posterior al parto, fue proclamada en el Concilio de letrán de 649, pes,e al hecho de que el evangelista Mateo, menciona que los esposos José y María, no yacieron hasta el nacimiento de Jesús.(Mt, 1 25), por los que algunos teólogos como Karl Rahner consideraban esta virginidad perpetua más en un sentido espiritual que biológico. Fue proclamado en el Concilio de
- La Inmaculada Concepción. Es la creencia de que la Madre de Jesús fue concebida libre del pecado original, un privilegio en atención a los méritos de su Hijo. El teólogo escocés Juan Duns Scoto defendió esta creencia en el S. XIV : “Dios podía, convenía y lo hizo’
Sin embargo fue España donde con mayor devoción se defendió esta creencia teológica, pese a mantener divididas a comunidades como dominicos y franciscanos, pues los primeros fueron reacios a aceptarla. Finalmente la Santa Sede bajo el pontificado de Pío IX la elevó a dogma de fe en 1854. Este dogma se denomina “El dogma español” .
La Asunción de la Madre de Jesús
Ahora ya, nos centramos en el cuarto y último dogma mariano: La Asunción.
Esta creencia, teológicamente es consecuencia directa de su antecedora, el de la Inmaculada, pues si se sostenía que María había nacido sin pecado original, cabía pensar que la muerte de la madre de Jesús no podría ser como la nuestra que si hemos heredado dicho pecado y al morir nuestro cuerpo se corrompe, no debería ser así para alguien que nace sin pecado original.
La creencia de la Asunción al igual que la de la Inmaculada Concepvion , data de siglos anteriores a la propia proclamación del dogma, por lo que su culminación como tal es la terminación del análisis teológico de dichas creencias.
En las iglesias orientales, desde antiguo, se prefería utilizar el término Dormición de la Virgen (Koímēsis tēs Theotokou, “Dormición de la Madre de Dios”) para referirse al fin de la vida terrenal de María., documentádose claramente a partir del siglo VI.
A partir del S. Siglo V: Circularon ya apócrifos y homilías sobre el “tránsito” o “dormición” de María, aunque las autoridades eclesiásticas, no establecieron una fiesta universalmente establecida.
Fue el emperador bizantino Mauricio (582–602) quien fijó oficialmente la fiesta de la Dormición el 15 de agosto para el Imperio bizantino.
Ttss la ruptura entre las Iglesias oriental y occidental, en la Iglesia Católica, se continuó afianzando la creencia de la Asunción, siendo declarada creencia fía y probable por Benedicto Xiv en el S. XVII.
Pero habría de esperarse hasta el final de la Segunda Guerra mundial, el 1 de noviembre de 1950, para que fuera soleblemente proclamadao dogma de fe por Pío XII, es decir, verdad revelada e indiscutible, que asome la Iglesia.
En síntesis, la proclamación del dogma, no entra a confirmar si María conoció la muerte o no (es decir pudo ser asunta al cielo tras fallecer de manera natural o simplemente por un tránsito sin conocer la muerte biológica) porque no fue un asunto en el que los teólogos aunaran criterio, por lo que se estableció que “María llegada al curso de su vida terrenal fue asunta a la gloria celestial el cuerpo y alma”
Hay que aclarar que, la Asunción pese a la iconografía tradicional en los cuadros pictóricos, no es equiparable a la ascensión, es decir María no se elevó hasta el cielo rodeada de nubes como aparece, por ejemplo, en los cuadros de Murillo, sino que, una vez fallecida o en estado de trance, su cuerpo y alma llegaron unidos al cielo.
Este privilegio, concedido a María por ser Madre de Dios, nos nuestra la esperanza corporal en la resurrección que ella tuvo oportunidad de experimentar como primicia por los méritos de su hijo, y que nosotros lo haremos en su momento.
Si bien, la Asunción de María no está reflejada de manera explícita en las Escrituras, se alude a la mujer que aparece en el cielo coronada de estrellas y con media luna a sus pies en Apocalipsis 12, como símbolo celestial, así como otros pasajes betero de estamentarios, como la subida al cielo del Arca de la Alianza.
En definitiva, debe interpretarse la Asunción de María, como un regalo de Dios a su madre, por la íntima conexión que mantuvo con su hijo en la obra de la salvación, de la que también disfrutaremos en la hora de nuestra resurrección corporal.